Reflexiones epocales: Una educación humanista en tiempos de crisis

Educación humanista es una educación para la autonomía.

Autor:  Germán Vélez Sánchez

La educación en tiempos de crisis: Los interrogantes sin respuestas a la vista manifestados en ansiedad, desespero o desesperanza y en general el impacto emocional que genera el momento histórico que nos corresponde vivir en estos tiempos, nos lanzan en el vacío. Son múltiples sensaciones; miedo, soledad, encierro, aburrimiento, desconfianza del otro y de lo otro, además de una paranoia individual y colectiva. Pareciera que existimos en un vació sin movimiento, una constante sin tiempo ni espacio.

El ritmo acelerado en el que nos incorporó inconscientemente el capitalismo en los últimos años con su sociedad del rendimiento y el consumo desbordado, nos hizo olvidar que es posible vivir en la simplicidad, la contemplación, la lentitud y la serenidad. Pero intempestivamente la vida, la naturaleza, el planeta, nos ponen de frente una gran barrera infranqueable que nos obliga a frenar en seco y salimos disparados de la nave, unos con más fuerza que otros, con las consecuencias ya vistas.

Con razón hace ya buen tiempo los teóricos críticos y de la complejidad nos venían insistiendo en que las verdades eternas, absolutas y sólidas, ya se habían desvanecido en el aire. Nos negamos a aceptar que las respuestas y soluciones a los problemas del mundo dadas por la receta neoliberal, ya tenían desgastadas nuestras formas y estilos de vida, basadas en el placer de lo efímero, del individualismo y en el egoísmo propios de una sociedad competitiva, y nos estaban conduciendo al abismo sin posibilidad de retorno.

La naturaleza, el planeta y la realidad misma nos están obligando a entenderlo y a asumirlo. Para la mayoría, las consecuencias parecieran ser del calibre de un desastre universal, de una hecatombe descomunal, parecida a los presagios apocalípticos bíblicos o la destrucción que los “videntes” nombran como el “fin del mundo”. Pero realmente no es así; ya el buitre que consume el hígado de Prometeo ha terminado su cometido, nosotros, el mundo, somos Prometeo y a la vez el buitre. (Hann, B Ch, 2018). Pero el hígado se tiene que reestablecer, Prometeo tiene que reinventarse y el buitre debe desaparecer, debe morir. ¿Cómo lograrlo? Es la gran pregunta. Pero las alternativas parece que también han estado al lado de la humanidad desde siempre. La solidaridad, la cooperación, el otro y lo otro, la confianza, la autonomía, la sensibilidad estética y el bien obrar. Valores depreciados en la bolsa neoliberal, donde la competitividad, el individualismo, el consumismo, el rendimiento, el eficientismo y la calidad, lograron obtener las mayores cotizaciones. Ello hizo que los colectivos humanos erradicaran de sus mentes y su experiencia los valores poco cotizados con las consecuencias que tenemos hoy al frente.

Requerimos de nuevo de estos valores para enfrentar la crisis y no los tenemos. Por eso hoy, de una manera urgente -y con la mayor hipocresía- aquellos que despreciaron dichos valores, que los etiquetaron perversamente como discursos inservibles, izquierdosos, comunistas o populistas, vienen a declararlos como necesarios y a reclamarlos como propios.

Ante estos fenómenos epocales debemos plantear la cuestión del lugar, la responsabilidad y las transformaciones de la educación para que puedan responder a las nuevas dinámicas y realidades. Reinventarnos requiere reinventar la educación; las formas y reglas tradicionales, las secuencias políticas, económicas y sociales impuestas por los modelos hegemónicos están naufragando, se están derritiendo, como se derritieron los grandes estandartes del capitalismo aquel once de septiembre.